QUICK CRITIQUES XV - IMPRESIONES FILMICAS

Estoy de regreso ahora con las mas recientes obras de dos veteranos realizadores con visiones muy definidas. La primera explora la figura de Sergei Eisenstein bajo la singular lupa de Peter Greenaway y la otra es el retorno del gran Lisandro Duque a las pantallas Colombianas.



Eisenstein en Guanajuato



Peter se engolosinó entre el homenaje y la hipérbole de sus constantes estéticas. El producto final fue algo superficial de narrativa muy irregular y con pocos momentos genuinos dignos de su anterior cine, junto a otros de sobre-exposición casi criminal. 

Sabia que esperar de Greenaway, ademas les recuerdo que los biopics jamas serán exactos. Su principal problema fue concentrarse tanto en los guiños o referencias al intentar crear una mancuerna de sus hábitos estéticos o mirada plástica y su discurso habitual sobre el sexo y la muerte -mejor planteado en El cocinero, el ladron, su mujer y su amante- con los códigos semioticos y de montaje de Sergei, que olvida complementar, sustentar o brindar mayores capas a sus personajes. 

Por momentos tenemos interacciones creativas con diálogos estupendos, erotismo franco, pizcas de sátira conseguida e introspecciones con anotaciones pertinentes, aunque luego surgen escenas teatrales mas cercanas a la caricatura sosa que al absurdo justificado. 

Me agrado como curiosidad, pero como pieza de su autor es muy inferior, pues incluso su estilo visual se siente algo añejo aquí. Hace un mejor tratamiento figura-hombre con Rembrandt en Nightwatching.







El Soborno del Cielo



El retorno de Lisandro Duque si que vale la pena. Tan personal como siempre, ademas de relevante por lo que aborda. 

Es ácida e inteligente dentro de su paquete clásico y costumbrista. Una sátira honesta y sincera sin que requiera mayor densidad. Por supuesto, hay momentos o personajes con potencial desaprovechado, pero también posee escenas grandiosas e hilarantes, bueno, al menos para aquellos que disfrutamos del correcto humor negro.

Lo que propone es muy claro. Señala con pulso de relojero la distorsión o manipulación del creer en su estado mas puro por el dogma, es decir, la fe que desciende hacia la ideología. El control, el miedo, la hipocresía y esa banalidad de la búsqueda interior durante la intromisión de la iglesia en la vida civil se examina con cierto respeto, e incluso con pretensiones algo didácticas. 

Efectivamente tanto creyentes, agnósticos y ateos pueden deleitarse, el mensaje universal se encuentra; ese que surge de las autenticas experiencias, de los dilemas morales o éticos de personajes tan peculiares como entrañables y que jamas recae en el sermón barato. Nos conmovemos con ellos en subtramas se concretan bien, a secas. Todo en ese pueblito muy evidente como microcosmos alegórico del actual contexto social. 

Al final es una película propensa a la dispersión, con relaciones y diálogos no tan fluidos a veces, aunque vencen sus virtudes y la exposición de sus ideas funciona. No llega a ser tan potente como otros trabajos de Duque -la hermosa Los Niños Invisibles o la imprescindible Visa USA- pero si que resulta vistosa al activar y confrontar un poco las cabecitas cinefilas durante semana santa antes de los efímeros blockbusters venideros. 






Por
Oscar Cabrera




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