QUICK CRITIQUES XIII - IMPRESIONES FILMICAS

Otra mas de estas primeras impresiones cinefilas donde hablo de dos películas que si bien no me sorprendieron, siempre encuentro en ellas algún elemento de interés. Muchas gracias por su preferencia y espero sean de su agrado.


Legend



Brian Helgeland fue capaz de escribir cautivadoras historias como Mystic River y dirigir piezas de exquisito humor negro e ingeniosas tretas como Payback; aunque es responsable también de Corazón de Caballero, entre otros bobos experimentos.

Ahora con Legend regresa a esas historias duras y directas. Un relato gangster biográfico que si bien, no aporta nada renovador, cumple con la propuesto. Incluso su conclusión desoladora es un vestigio de aquel autor que retorna con algo interesante y singular que contar, luego de perder el tiempo repartiendo textos de encargo muy olvidables. 

Buenas interpretaciones, atención a los detalles y escenas conseguidas retienen, pero jamas deslumbran. Helgeland es tímido al narrar; era el momento crucial para llegar lejos y expandir el potencial tragicómico que pretendía, e indagar mas en la espesa dualidad de sus criaturas y en la oscuridad constante de su contexto, al menos superpuesta esperaba. Sin olvidar una mayor colisión de los actos y consecuencias, apenas sugerida de manera distante solo porque el guion lo indica. 

Otra bestia que ladraba y no tenia dientes. 






Garm Wars: The last Druid



Si tuviera que definir en pocas palabras esta cinta seria… Mamoru Oshii diluido. Así es, el hombre que siempre me cautiva con sus maravillosos, melancólicos y a veces perturbadores universos – en anime o imagen real- de palpable impronta decide relegar parcialmente su característica narrativa e inquisitiva visión para ofrecer una especie de síntesis –sin llegar a lo banal- de todas sus constantes en un paquete más o menos accesible. Se percibe sobretodo en la introducción del mundo planteado y la acelerada resolución durante un relato muy fluido pero convencional, desaprovechando ahondar o complementar las ideas o los dilemas que propone. Aquí su mística mirada va a cuenta gotas.

Oshii mostraba un obsesivo cuidado en su particular antropología y ontología al construir sus mitologías. Escudriñar en esas claves inherentes del comportamiento humano como la búsqueda y reafirmación de la identidad contra la inercia vital, las creencias y el auto-engaño por algún dogma, la soberbia, la ambigüedad ética y moral, el conflicto y simbiosis hombre-tecnología, el poder, la guerra u otras formas de la corrupción del ser. Siguen allí, pero sin la profundidad de otras piezas suyas como Ghost in the Shell, Sky Crawlers, El Huevo del Angel o Avalon.

En lugar de personajes tan memorables como Motoko o Ash, solo tenemos vestigios o entes que, de nuevo con la queja habitual, son vehículos para avanzar la historia con un prometedor punto de partida y dan alguna que otra exposición. Claro, hay momentos de interacción, sin embargo no tienen un impacto realmente significativo tanto dentro como fuera de la cinta. Llegas a experimentar algo de empatía pero queda en segundo plano por el esplendor visual; maravillosa marca de la casa. Algo que jamás puedo cuestionar de Oshii es el depurado acabado estético y la creatividad al plasmar sus mundos.

Aun así se deja ver y en ciertas partes consigue cierta tensión. Es una experiencia de inmersión intermitente, pero estimable si tenemos en cuenta la trama de enorme potencial. Una ejecución intuitiva a media marcha.






Por
Oscar Cabrera



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