GODZILLA (REBOOT) - CRITICA


Director: Gareth Edwards
Guion: Max Borenstein y David Callaham (con aportes de Frank Darabont)
Género: Ciencia ficción
País: EE.UU
Año: 2014

Godzilla retorna con gran ímpetu, aunque él no será la única atracción. Este reinicio gira en torno al enfrentamiento de este contra otros seres gigantescos denominados Muto, que pondrán en peligro la existencia humana. Han resucitado por la arrogancia científica y ahora el legendario reptil se encargara de ellos, restableciendo quizás el equilibrio natural.

Para el conocedor acérrimo del Kaiju más famoso de la productora nipona Toho y de su filmografía restante, tal vez esta nueva versión parezca más un fallido ejercicio con guiños nostálgicos y alguna que otra secuencia lograda. Sin embargo para el espectador ocasional, la propuesta se ha exprimido a cuenta gotas y apenas supera la prueba del entretenimiento genérico.




Da un acercamiento menos divertido y más serio o adulto –“realista” según lo planteado-, casi como la cinta original del 54 dirigida por Ishiro Honda. Se aleja del mero espectáculo herencia de las secuelas y crossovers con otros monstruos, e incluso sería una antítesis reciente de aquella visión ingenua que entrega Guillermo del Toro con Pacific Rim. El problema radica en su trasfondo, tratado de manera superflua en un relato rutinario.



Al estilo de Encuentros cercanos del tercer tipo, Gareth Edwards crea expectativa hasta el surgimiento del coloso principal y sus consecuentes batallas. Consigue inyectar un meritorio suspenso conspirativo, pero la receta decae por el escaso interés hacia los otros componentes esenciales, la historia y sus personajes. El guion en ejecución es poco imaginativo al exponer e intentar sustentar los orígenes de las criaturas –de acuerdo a los parámetros-, desechando cualquier atisbo de verosimilitud. Puedes imprimir el tono que desees, pero recordemos que esto sigue siendo fantasía y aquí no se percibe siquiera un digno homenaje a la mitología plasmada; además el escrito presenta algunas muy convenientes casualidades y algún que otro agujero. En cuanto al “drama humano”, es un completo desperdicio, son entes arquetípicos con motivaciones comunes y el meollo de sus conflictos es algo elemental, cuyo desarrollo y progreso es tan flojo como el libreto. Los actores hacen lo mejor que pueden bajo la guía de una dirección justa. ¿Cómo rayos osan en desaprovechar así un elenco tan genial? ¡Maldita sea! Tienes a Julliette Binoche, Bryan Cranston, Ken Watanabe, Elizabeth OlsenSally Hawkins y solo revolotean por ahí escapando de la destrucción o escupiendo explicaciones para que avance la trama plagada de sucesos y decisiones un tanto forzadas, como también predecibles. Faltó ese gran catalizador donde pudiera relucir el potencial humano y sentirnos cercanos a la vez con la determinación de aquellos seres.




Recordemos que la obra de Honda era una titánica metafora que reflejaba la tensión y los sentimientos luego del terror nuclear que sufrió su país, -en concreto Hiroshima-, por ello se la ve como un filme de terror apocalíptico y era latente dentro de esa reflexión sobre la arrogancia del hombre al querer controlar la naturaleza, entonces el éxito en su época fue, es y será por el nivel de identificación. En cambio durante esta entrega occidental propensa a la pirotecnia vacía, el realizador británico busca esa profundidad, aunque solo quedan insinuaciones o destellos referentes a la paranoia colectiva actual frente a los inminentes desastres ambientales. Nunca reproduce la sensación de peligro.

El diseño de los monstruos está muy bien adaptado, pero necesitaban un mayor esmero creativo en los Muto, pues Godzilla –cuyo carácter como símbolo no fue menguado- si es imponente en sus intervenciones y debo admitir que despertó a mi niño interior. Las confrontaciones por el contrario les falta una mayor planificación -excepto la última que cumple-, carecen de magnitud, fluidez y tiempo, además el torpe montaje tampoco ayuda con ciertos cortes molestos que perjudica el tratamiento de las escenas. Lo que destaca es la banda sonora de Alexandre Desplat, que si bien no es su trabajo más inspirado, encaja y potencia el panorama lo suficiente. Por lo menos capta la atención.



Vale aclarar que no detesto la película, entretiene en su momento y lo pasas bien, solo molesta que falle en lo más sencillo. Rescato que a veces Edwards resuelva contadas cosas con solvencia y entregue secuencias al menos interesantes en el metraje irregular. A pesar de su ingeniosa labor en Monsters, su opera prima, es claro que aún no estaba preparado para enfrentar un proyecto así de enorme, caso similar al de Marc Webb y su incursión en las peripecias del buen vecino arácnido que amamos. Tal vez en la próxima salga mejor parado.

Por OSCAR CABRERA










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