CLASICOS x DOS - TOKIO MONOGATARI Y OTRA MUJER - CRITICAS



Titulo puesto en español: Cuentos de Tokio

Dirección: Yasujiro Ozu
Guion: Kogo Noda y Yasujiro Ozu
Genero: Drama
País: Japón
Año: 1953

Es la historia de una pareja de ancianos que van a Tokio de visita, pues allí residen sus hijos. Por desgracia ambos adultos mayores encuentran cierto rechazo por parte de ellos.

Una sensación tan universal como inevitable es sentir que el progreso nos abruma al ir envejeciendo, mientras una brecha emocional entre una generación a otra se extiende. Tanto que el desprecio seria incluso por suplica algo aceptable frente a la indiferencia. Así se podría pretender resumir en su conjunto esta pieza clásica de Ozu, que siempre mostró constante interés de plasmar en cada fotograma la eventualidad cotidiana durante su época con énfasis en los silencios.

Su ejecución como retrato es transparente al observar los acontecimientos, o costumbres de manera natural. Vemos el fenómeno familiar sin asomo de triquiñuelas dramáticas, reflejándose en lo sencillo del lenguaje pausado y meditativo con planos estáticos en su mayoría. Conduciendo e identificándonos hasta nuestros días.

Si bien la forma puede parecer añeja y elemental, el contenido aun sigue tan fresco como se imaginó. Estas personas, no personajes, llevan implícitos en diálogos simples -casi distantes y en impasibles rostros-, esos sentimientos que incluso hoy tenemos cautela de mostrar. Dando por sentado que aquellas personas que fueron y son esenciales para ellos estarán siempre ahí, a pesar del excesivo culto al yo. Relegando el cariño diciendo ocasionalmente un insulso “te quiero”.

Su puesta en escena permite una sobriedad en los detalles que apreciaras aun más al entrar en reposo narrativo. Espacios normales como una sala de estar o un parque crean conmoción sensitiva por su cuidado en la cinematografía, basada en lo real y nada estilizada como otros trabajos japoneses posteriores.

Concluyendo, más viva y relevante que nunca. Nos recuerda el incremento alarmante de esa apatía y falta de comunicación, viendo a nuestros adultos mayores casi como vestigios esfumados. Garantizo que en alguno de sus encuadres conmoverá corazones, imprescindible verla. 

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Guion y Dirección: Woody Allen
Genero: Drama
País: EE.UU
Año: 1988

Marion es una celebre profesora universitaria de filosofía que toma un descanso para intentar escribir un libro. Alquila un modesto apartamento con tal de obtener mayor tranquilidad, pero se percata de un respiradero por el cual puede escuchar enseguida las sesiones de un psiquiatra. Ella se muestra reticente a escuchar al comienzo, aunque luego se involucrara fascinada por los episodios existenciales de algunos pacientes. Una regresión en particular induce a que examine su propia vida, recordando la austeridad de sus padres frente a su formación académica y como esto mancillo sus sentimientos, sin permitirle conectar con los demás.

Durante el poco tiempo que llevo comentando sobre cine, he escuchado detenidamente comentarios sobre cintas destacables en la filmografía de Allen Stewart Konigsberg, mejor conocido como Woody Allen, un humorista genialmente socarrón y agudo que tuvo suerte según él, logrando convertirse en el cineasta prolífico que conocemos con un sello de autor bien formado. Divagando en los recuerdos de esas tertulias, poco se menciona la que me gusta llamar “Trilogía femenina”; que consta de nuestra pieza de análisis, ‘Septiembre’ y ‘Hannah y sus hermanas’, la más “aclamada”. En llana opinión es difícil comprender por qué no se le adjudica un mayor valor a esta, cuando es claramente conspicua para mí frente a las otras dos por tener un guion solido que escruta las dudas internas acaecidas con fluidez.

Esta al servicio de una exploración sin paliativos a la protagonista, disponiendo como espectadores de un lenguaje hilvanado y balanceado que propone una leve ruptura espacio-temporal en la progresión narrativa. Nos ayuda para comprender a una mujer que se debate entre la confrontación de sus emociones en una máscara intelectual orientada al desapego y considerar la penitencia por alienar aquellas personas que han pasado por su vida. Proyectándolo incluso en un episodio onírico donde en una secuencia viable, más no lógica obviamente, se genera conciencia evitando convertirse en una epifanía facilista. Ahí es donde comprobamos una de las constantes de Allen en todo su esplendor, el psicoanálisis.

Nos brinda escenas con cierta inclinación al claroscuro estético que además referencia metafóricamente a su querido Ingmar Bergman. Pone en evidencia simbólicamente el contraste psicológico del personaje frente a otros que la complementan por lo bien construidos y desarrollados. Abonando causas para su condición.

Solo queda por decir que transmite la facilidad que posee su creador en cambiar de la comedia al drama con naturalidad y sin manipulación, vista en directores de encargo menos inspirados.

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Por OSCAR CABRERA



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