viernes, 8 de junio de 2012

CLÁSICO - BETTY BLUE (37°2 LE MATIN) - CRITICA



Basada en la novela de Philippe Djian

Guion y Dirección: Jean Jacques Beineix
Género: Drama
País: Francia
Año: 1986

Zorg tiene una vida tranquila como encargado del mantenimiento de viviendas en la riviera francesa, mantiene encuentros apasionados con una joven llamada Betty que desborda fervor en impredecibles actos. Un día ella encuentra unos cuadernos y queda encantada con sus escritos, al descubrir que Zorg es su autor, se propone a sacarlo con determinación de su  empleo e impulsar su potencial como escritor; aunque se presentan escollos en el camino que cambiaran su rumbo de forma dolorosa.

Es una historia intensa y rica en lenguaje sobre una pareja complementaria en una tortuosa relación destrozada por un trastorno mental. Con esta premisa como medio, tenemos ante nosotros una exploración de la complejidad en las relaciones humanas, los individuos involucrados manejan y moldean su propia sensibilidad durante una búsqueda perseverante para comprenderse entre ellos.

Betty y Zorg añoran un ideal de trascendencia, sin embargo aquello inefable que los une no está en balance con sus divergentes deseos, él se conforma sin herramientas de autoconocimiento interno con temor a enfrentar la vida, mientras ella difícilmente canaliza su efervescencia única que en ausencia de un regulador propio de identidad, se vuelve inestable al no adaptarse dentro de la situación. No todo recae en el trastorno límite de la personalidad en Betty, ambos son seres dispersos, incapaces de centrar tanto juntos como individualmente sus esencias e imposibilitados para sobresalir cuando se ha perdido por completo el candor inicial.  

La progresión de personajes está muy bien llevada cuando se desarrollan y son acordes al contexto. Los secundarios aportan bastante a la historia añadiendo complejidad en los dilemas internos de los protagonistas, transformando las situaciones relevantes. Las escenas contemplativas  en verdad las sentimos espontaneas, suscitando sentimientos en cada fotograma cuyas claves de composición estética simbólica son reforzadas por estas interpretaciones. En serio vemos personas con complejidades y percepciones cercanas en acciones verosímiles y cautivándonos subjetivamente sin prolongarse para captar lo implícito más rápido.

El acoplamiento del montaje me resulta molesto en ciertas escenas cuando en los enlaces no se dan transiciones apropiadas. Los saltos de encuadre desconciertan en elipsis y continuidad cuando se podían atenuar, disolver o crear nexos con algún elemento ideológico, incluso tonal para mejorar el relato.

Concluyendo, un bello drama de fidelidad incondicional que hace preguntar, ¿De qué sirve escribir sobre lo que pasa, cuando el marco de tu ventana es tan reducido? 

Por: OSCAR CABRERA



No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada